Vivimos en un mundo de prejuicios. A la gente se la juzga por las apariencias, las formas y las ideas; esto no es nada nuevo.
La raíz del problema, a mi entender, no está solo en quienes perpetran el hecho de discriminar, sino también en aquellos que por temor, baja autoestima, vergüenza o cualquier otro mal, HACEN LO IMPOSIBLE por dejar de ser parte de aquel grupo que ha sido segregado o apartado.
Cuantas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos tratando de imitar un estilo, moda, personaje, gesto? cuantas veces? De esta manera no solo no se lucha contra la discriminación sino que se alimenta a la vorágine que la gesta. Ésa vorágine que nos pide a todos dejar de ser especiales y sumarnos a lo mediocre de la igualdad y la indiferencia.
Los invito a ser diferentes, en cada cosa, sin dejar el raciocinio de lado pero buscando a cada momento la manera de ser realmente únicos.
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